domingo, 17 de agosto de 2008
Ya lo dijo Darwin,
así que para qué lo voy a repetir. Ah, pero no, no es tan fácil ¿verdad? Pero tú ya lo sabes, Benedicto, como sabes que sabemos que lo sabes. ¿Sabemos quienes? Los de siempre, los que queremos saberlo, los que no quieren saberlo saben otra cosa en su lugar. Tan curioso como inútil. Pero seamos serios, parece que va tocando nueva muda de piel, van ya 1500 años de esta, empieza a no ajustar. Alguien la encontrará y pensará que ha matado a la serpiente, su nombre engrosará los libros de historia. ¡Divina Adaptación! La leche de loba resulta de lo mejorcito para las reencarnaciones. ¡Mártires y héroes!, ¿cuál será el nuevo disfraz?
viernes, 1 de agosto de 2008
milagros del nuevo milenio
En 1870 la semana laboral podía alcanzar las 70 horas, algo más de dos décadas después se situaba en torno a las 60 horas, y en 1919 se establecía por acuerdo internacional un máximo de 48. Era de suponer que la cosa no quedaría ahí, y del mismo modo que los animales de tiro de todas las especies fueron desapareciendo del universo laboral lo mismo acabaría sucediendo con los homo sapiens, cuya jornada laboral descendería presumiblemente hasta niveles de ocupación residual.
Se me ocurre describir el ideal del proceso como una pinza compuesta por el brazo del desarrollo tecnológico y mecánico, que aumenta progresivamente la fuerza de trabajo no humana, y por el brazo del crecimiento demográfico, que permite a su vez un mayor reparto de la carga de trabajo. En el medio y dispuesta a ser reducida hasta la mínima expresión se encuentra la jornada laboral humana.
Pero al igual que la aldea de Asterix la jornada laboral resiste sin inmutarse al invasor, y en los últimos tiempos incluso se crece. ¿No es hora ya de preguntar qué clase de poción mágica permite obrar este milagro?
De entrada se me ocurre que el mecanismo del crecimiento demográfico no está funcionando como debiera, porque en lugar de repartir el trabajo entre todos y así trabajar menos, unos trabajamos lo mismo y otros se mueren de hambre. Parece que esto es debido a que asociamos trabajo e ingresos (y por extensión trabajo y derecho a la vida, trabajo y dignidad). Da la casualidad de que al entender así el trabajo el crecimiento demográfico en lugar de reducir la jornada laboral en realidad la aumenta, dado que al haber mayor oferta de trabajadores el salario se reduce. Las socialdemocracias al poner limitaciones como el salario mínimo frenan la subasta a la baja, y sin solventar la ecuación al menos impiden que el sistema estalle en sus límites territoriales, pero en países que no son socialdemócratas las limitaciones las suelen poner los gobiernos mediante la fuerza bruta, y el que tenga hambre que se suba a una patera.
Resumiendo:
El desarrollo tecnológico es un hecho. La explotación de recursos es hoy infinitamente más eficaz que hace 100 años, lo cual debería hacer casi innecesario el concurso de trabajadores humanos.
La explosión demográfica es un hecho. El reparto del trabajo es una posibilidad que permitiría reducir enormemente la jornada laboral.
El endurecimiento de las condiciones laborales es un hecho, y lo de sapiens una broma de mal gusto.
Nota póstuma:
Mi análisis de todo esto es claramente incompleto. De entrada no tengo ni idea de lo que hablo y además me dejo en el tintero cosas fundamentales dentro de mis inconexas e incompletas ideas. Para elaborar con más rigor el tema y responder con coherencia a la pregunta de la poción mágica habría que tener en cuenta otros muchos factores, entre ellos me parece importante el aumento del consumo, no sólo de bienes básicos sino de infinidad de cosas que hace 100 años ni existían, y todo dentro de este modelo de desarrollo que permite que 50 industrias fabriquen el mismo producto con un margen de beneficio tan grande que aunque todas ellas acaben tirando a la basura más del 50% de su producción puedan seguir adelante y crecer. Es un despilfarro de recursos, un sistema que premia la eficacia sí, pero también protege la ineficacia hasta un grado muy alto. Las cuestiones que se suscitan a partir de aquí pueden llevarnos a debates sobre la supervivencia de la vida en este planeta a medio y largo plazo, ante los cuales la queja implícita en mi planteamiento, que quiero trabajar menos y vivir igual, puede quedar ninguneada. Ahora bien, tal y como yo lo veo ambas dimensiones del problema pueden tener una misma respuesta. Empezar a usar el sentido común para las cosas de todos, igual en lo pequeño que en lo grande.
Y que firmen en Europa que vivan las 65 horas indica claramente que vamos en sentido contrario, y extrapolando conclusiones, que a la vida en este planeta le quedan dos telediarios.
Se me ocurre describir el ideal del proceso como una pinza compuesta por el brazo del desarrollo tecnológico y mecánico, que aumenta progresivamente la fuerza de trabajo no humana, y por el brazo del crecimiento demográfico, que permite a su vez un mayor reparto de la carga de trabajo. En el medio y dispuesta a ser reducida hasta la mínima expresión se encuentra la jornada laboral humana.
fuerza mecánica-> jornada laboral <-crecimiento demográfico
Pero al igual que la aldea de Asterix la jornada laboral resiste sin inmutarse al invasor, y en los últimos tiempos incluso se crece. ¿No es hora ya de preguntar qué clase de poción mágica permite obrar este milagro?
De entrada se me ocurre que el mecanismo del crecimiento demográfico no está funcionando como debiera, porque en lugar de repartir el trabajo entre todos y así trabajar menos, unos trabajamos lo mismo y otros se mueren de hambre. Parece que esto es debido a que asociamos trabajo e ingresos (y por extensión trabajo y derecho a la vida, trabajo y dignidad). Da la casualidad de que al entender así el trabajo el crecimiento demográfico en lugar de reducir la jornada laboral en realidad la aumenta, dado que al haber mayor oferta de trabajadores el salario se reduce. Las socialdemocracias al poner limitaciones como el salario mínimo frenan la subasta a la baja, y sin solventar la ecuación al menos impiden que el sistema estalle en sus límites territoriales, pero en países que no son socialdemócratas las limitaciones las suelen poner los gobiernos mediante la fuerza bruta, y el que tenga hambre que se suba a una patera.
Resumiendo:
El desarrollo tecnológico es un hecho. La explotación de recursos es hoy infinitamente más eficaz que hace 100 años, lo cual debería hacer casi innecesario el concurso de trabajadores humanos.
La explosión demográfica es un hecho. El reparto del trabajo es una posibilidad que permitiría reducir enormemente la jornada laboral.
El endurecimiento de las condiciones laborales es un hecho, y lo de sapiens una broma de mal gusto.
Nota póstuma:
Mi análisis de todo esto es claramente incompleto. De entrada no tengo ni idea de lo que hablo y además me dejo en el tintero cosas fundamentales dentro de mis inconexas e incompletas ideas. Para elaborar con más rigor el tema y responder con coherencia a la pregunta de la poción mágica habría que tener en cuenta otros muchos factores, entre ellos me parece importante el aumento del consumo, no sólo de bienes básicos sino de infinidad de cosas que hace 100 años ni existían, y todo dentro de este modelo de desarrollo que permite que 50 industrias fabriquen el mismo producto con un margen de beneficio tan grande que aunque todas ellas acaben tirando a la basura más del 50% de su producción puedan seguir adelante y crecer. Es un despilfarro de recursos, un sistema que premia la eficacia sí, pero también protege la ineficacia hasta un grado muy alto. Las cuestiones que se suscitan a partir de aquí pueden llevarnos a debates sobre la supervivencia de la vida en este planeta a medio y largo plazo, ante los cuales la queja implícita en mi planteamiento, que quiero trabajar menos y vivir igual, puede quedar ninguneada. Ahora bien, tal y como yo lo veo ambas dimensiones del problema pueden tener una misma respuesta. Empezar a usar el sentido común para las cosas de todos, igual en lo pequeño que en lo grande.
Y que firmen en Europa que vivan las 65 horas indica claramente que vamos en sentido contrario, y extrapolando conclusiones, que a la vida en este planeta le quedan dos telediarios.
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