Ya no puedo mirar con cierta inteligencia al pirómano confeso y decir: "Míralo, si es bobo, qué sabrá él, cómo quieres que no queme el bosque si nadie le ha dicho nada...". Ahora veo su foto en la prensa y pienso: "¿Tiene tele? ¡Pues sabía! ¿Que no tiene? ¿E internet? ¿Radio? ¿Teléfono? ¿Sabe leer? ¿No es sordo?... ¡Pues sabía!" y me cago en público en sus muertos sin llegar a comprender ni perdonar, y vuelvo a casa con la bilis aún en la garganta y me hago mala sangre hasta que paso página chupando tele, internet y todo lo demás, quizá recargando el arsenal para la próxima lapidación.
Y a todo esto el hombre allí, la mirada transida de reflejos cristalinos preguntándose y preguntando qué habrá hecho él para que lo meta en el saco de los malos, se le fue la mano quemando una zarza, ¿es que a nadie se le ha ido la mano nunca?
A mi se me acaba de ir.
Quizá lo que quería expresar empieza en que aunque pasan tantas cosas como siempre nos llega más información que nunca, y reaccionamos en consecuencia como si ocurrieran más cosas.
¿Y qué pintan los bobos en todo esto?
Que conociendo por ese flujo informativo descompensado tantos ejemplos de destrucción humana e incertidumbre climática se me hace tan necesaria la conciencia que me resulta inadmisible esa porción de la tarta del mal tradicionalmente causada por inocentes. Esos inocentes que actuaban con negligencia han perdido su condición, y ahora se cuentan entre las filas del ejército enemigo, pero esto no deja de ser una estupidez del corte de la montaña yendo a Mahoma. Los que llamo bobos seguirán siendo inocentes o no, los mire como los mire, y satanizarlos no me arregla nada. Mi nostalgia de los bobos no es más que nostalgia de la inocencia en mi mirada. Nostalgia de mirar y no verlo todo negro. ¿Necesito gafas nuevas?, ¿una cura de desinformación?,
¿alguien me vende una escala de grises?
jueves, 31 de julio de 2008
miércoles, 2 de julio de 2008
mundo
Hay que venir al mundo para conocerlo, rasparse contra él, vomitarlo, vivirlo. Hay que venir al mundo, sólo así podemos llegar a ser como somos, o como seremos cuando seamos así. Hay que venir, por mil y una razones, simplemente venir. Yo vine, y cada vez soy más yo y menos vine, de hecho en ocasiones casi parece que me estoy yendo pero no, no os daré esa satisfacción. Cuando me vaya no pienso decir ni pio.
PIO
PIO
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